Luis González PeraltaEstrategia · Empresa · Consejo

Emprender sin humo

8 lecciones de emprender que ningún libro te enseña

·· 8 min de lectura

Llevo ya más de 10 años emprendiendo por mi cuenta. He leído manuales, he hecho cursos, he asistido a conferencias. Y después de todo eso sigo manteniendo lo mismo: hay cosas que solo aprendes cuando te las llevas puestas (bueno, no siempre es así). En este artículo te dejo 8 de las más importantes, las que ningún libro te cuenta porque no se pueden contar, solo se pueden escuchar o vivir. Por mucho que las leas, no te haces idea de cómo son hasta que compartes un rato con alguien que las ha pasado, y es la única manera honesta que conozco para que te las puedas ahorrar.

Por qué escribo este artículo

Los libros de emprendimiento son útiles. Yo mismo escribí uno (El trébol del emprendedor, el camino de las 4 Cs), y vuelvo a recomendarlos con frecuencia. Te dan marcos, métodos, casos de estudio, frameworks… sin duda todo ello te ayuda a estructurar la cabeza antes de saltar al vacío.

Pero es cierto que, por mucho que lo pongas en unas páginas, por mucho que lo quieras contar y trasladar, hay cosas que solo aprendes si las vives. Te pasa. Te sacude. Y solo cuando se te pasa, miras hacia atrás y dices: “esto, esto es lo que tenían que haberme dicho antes”.

Llevo 30 años en empresa: 10 en consultoría tecnológica, 10 como directivo en una multinacional donde llegué a ser Director General de España con más de 1.000 empleados, y 10 emprendiendo por mi cuenta. Mis empresas han facturado más de 25 millones en la última década. He acompañado a emprendedores y empresas cuyos negocios suman más de 200 millones en los últimos tres años.

Y en todo ese tiempo, hay 8 lecciones que he visto repetirse en todos los emprendedores y empresas con los que he trabajado. Ocho lecciones que, por desgracia, solo se aprenden a base de hostias, o al menos yo parte de ellas las he aprendido así; no me ha quedado otra, la verdad.

Aquí solo pretendo dejarte mis reflexiones, mis aprendizajes, por si te son útiles, y creo de verdad que te lo van a ser. Con que una de estas te sirva, con que una te permita ahorrar algo de tiempo, dolores de cabeza o dinero, o te permita avanzar, este artículo ya habrá sido un éxito.

1. Que la idea importa muchísimo menos de lo que crees

Te van a decir lo contrario mil veces. Te van a hacer pulir tu idea, validar tu idea, defender tu idea, presentar tu idea, y bla, bla, bla (y no digo que no sea importante, que lo es), pero…

…cuando estés en el barro, descubrirás que tu idea ha cambiado tres veces en los primeros seis meses. Y que lo que diferencia a quien triunfa de quien no, no es haber tenido una idea brillante, es haber sabido ejecutarla, ajustarla y persistir con ella cuando todo decía lo contrario. Veo a mucha gente morir por el camino con su idea por ser inflexible.

Y de verdad que esto lo digo por experiencia personal. Me pasó en mi empresa principal: nació con una idea que para mí era brutal, y si a los tres meses no reacciono y la cambio, hubiera cerrado antes de los seis meses. Hoy factura varios millones al año.

La idea es el 5%. El resto es ejecución, energía, decisiones, y aguantar.

Nadie te enseña esto antes de empezar. Te lo enseñan los meses 1, 2 y 3.

2. Que vas a sentirte solo aunque tengas socios, empleados y una pareja que te apoya

Esto duele decirlo, pero es así.

Cuando eres tú quien firma, quien paga, quien decide y quien no duerme por la noche pensando en lo que viene mañana, te sientes solo aunque estés rodeado. Tus socios tienen sus propias batallas (hay que decir que si eliges a tu socio ideal esto ayuda muchísimo, y esto también lo digo por experiencia personal, pero no es lo normal). Tus empleados ven solo su parte. Tu pareja te apoya, pero no entiende del todo lo que estás cargando.

Esa soledad no se cuenta en ningún libro porque suena dramático. Pero es real. Y entenderla pronto, buscar tu sparring de verdad, alguien que ya pasó por ahí, es una de las decisiones más importantes que vas a tomar.

3. Que el dinero entra mucho más lento de lo que sale

Te enseñan a hacer un plan financiero, a calcular tu break-even, a proyectar ingresos… y todo eso queda genial sobre el papel.

Lo que no te enseñan es que en la vida real, los clientes te pagan a 60 días, a 90, a veces a 120 (y en algunas ocasiones ni pagan). Pero el alquiler, los empleados, los proveedores y Hacienda no esperan.

El primer año emprendiendo, el principal problema no es facturar. Es sobrevivir a la velocidad descompensada entre lo que cobras y lo que pagas. Y los libros no te preparan para esa realidad concreta, con sus llamadas urgentes al banco y sus pólizas de crédito mal estructuradas. Una buena salud de circulante es vital.

4. Que tus mejores clientes pueden hundirte

Cuando empiezas, cada cliente nuevo es una alegría. Sobre todo si es grande.

Lo que aprendes con el tiempo es que un cliente que supone más del 30% de tu facturación es una espada sobre tu cabeza. Si te abandona, te hundes. Si te impone condiciones abusivas, las aceptas porque no puedes perderlo. Si te paga tarde, tú aguantas porque no puedes presionarlo.

Diversificar no es una opción estratégica, es una condición de supervivencia. Y eso no lo entiendes hasta que te ha pasado la primera vez.

5. Que la energía es un recurso finito (y vas a quemarla mal)

Vas a empezar pensando que vas a poder con todo. Vas a dormir poco. Vas a comer mal. Vas a posponer el deporte. Vas a saltarte tus relaciones porque “es solo un tiempo” (spoiler personal: lo de “solo un tiempo”, ni de broma).

Y un día, sin previo aviso, te vas a romper. Mental, física o emocionalmente. O las tres cosas a la vez.

La energía del emprendedor es su activo más infravalorado. No es la idea, no es el dinero, no es el equipo. Es la capacidad que tienes tú para seguir presentándote al partido todos los días. Y eso requiere cuidados que ningún libro te recuerda porque no es romántico, no mola decirlo, no queda bien.

6. Que decir que no es, en muchas ocasiones, más rentable que decir que sí

En los libros te enseñan a vender, a captar, a convencer. A decir que sí.

Lo que no te enseñan es que decir que sí al cliente equivocado te cuesta más que el ingreso que te da. Te roba tiempo, te roba energía, te roba foco, te quema el equipo, y te aleja del cliente bueno que sí tendría sentido.

Aprender a decir que no, con elegancia y con argumento, es probablemente la habilidad más rentable que vas a desarrollar como emprendedor. Y casi nadie la trabaja conscientemente.

7. Que tu identidad y tu empresa se van a mezclar (y eso es peligroso)

Cuando emprendes, tu empresa eres tú. Y eso, al principio, es una fuerza brutal: te entregas como solo lo hace alguien que se está jugando su vida (dejando muchas veces, sin darte cuenta, todo lo demás de lado).

Pero con los meses se convierte en un problema. Si la empresa va mal, tú vas mal. Si un cliente te critica, sientes que te critican a ti. Si pierdes un contrato, lo vives como un fracaso personal.

Separar quién eres de lo que hace tu empresa es un trabajo deliberado. No pasa solo. Hay que hacerlo. Y cuanto antes empieces, mejor lo vivirás todo después.

8. Que la mayoría de tus aprendizajes vienen de los fracasos, no de los éxitos

Esto es lo más duro de aceptar, sobre todo porque nadie nos prepara para los fracasos, para los errores. En esta sociedad fallar está mal visto, parece que la gente está esperando para criticarte, y cuanto antes asumas esto, te aseguro que serás más feliz.

Los libros están llenos de casos de éxito. Cuando los lees, sientes que entiendes. Pero cuando emprendes, lo que de verdad te enseña no es lo que sale bien, es lo que sale mal. La conversación que se rompe. La contratación que falla. La inversión que no rinde. El producto que nadie compra.

Recuerdo mis primeras entrevistas de trabajo en China: la gente me hablaba de lo que había emprendido y le había salido mal antes de hablarme de lo que le había salido bien. Me costó tiempo entender esta forma de enfocarlo, hasta que me di cuenta de que lo que ponían en valor era la experiencia y el conocimiento que eso les daba para aprender y tratar de no volver a caer en lo mismo.

Cada uno de esos golpes contiene una lección que vale más que diez libros. Pero solo se aprende viviéndola, encajándola y volviéndose a levantar.

Y aquí es donde casi todos los emprendedores se quedan solos: nadie les enseña a procesar los fracasos. Ni a leerlos. Ni a sacarles partido. Por eso, en mi caso, hace tiempo que tengo un coach personal; para mí es una figura clave.

Una idea para terminar

Llevo años acompañando a emprendedores en sus procesos. Y siempre que termino una sesión con uno, pienso lo mismo: ojalá yo hubiera tenido esto cuando empecé.

Por eso nació el Club El Camino del Emprendedor: un proyecto pequeño y asequible para acompañar a emprendedores que están empezando y no pueden permitirse una mentoría 1 a 1. Un sitio donde tener cerca a alguien que ya hizo el camino, sin tener que pagar precios de consultor.

Si quieres seguir con este tema, te recomiendo también las 5 claves y los 5 errores al empezar a emprender.

Y si has llegado hasta aquí, gracias por leer. Si te has reconocido en alguna de las ocho, ya somos dos.

Preguntas frecuentes

¿Qué es lo más difícil de emprender?

No es tener la idea. Es ejecutarla, ajustarla y aguantar cuando todo dice lo contrario, gestionando a la vez la soledad, la tesorería y tu propia energía. La idea es el 5%, el resto es ejecución.

¿Por qué se siente solo un emprendedor?

Porque eres tú quien firma, quien paga y quien decide. Tus socios tienen sus batallas, tus empleados ven su parte y tu pareja te apoya, pero no carga lo mismo. Por eso conviene buscar un sparring de verdad, alguien que ya pasó por ahí.

¿Cuánto puede pesar un solo cliente en la facturación?

Un cliente que supone más del 30% de tu facturación es una espada sobre tu cabeza: si se va, te hundes, y si impone condiciones, las aceptas. Diversificar no es una opción estratégica, es una condición de supervivencia.

¿Te ha servido?

En el Club El Camino del Emprendedor comparto cada mes clases, plantillas y sesiones en directo para emprendedores.