Ego y desaprender: lo que frena a un líder
El ego es un aliado tan peligroso como necesario. En ciertas dosis, te sostiene la autoestima y la confianza que necesitas para tomar decisiones, para dar la cara y para tirar de un equipo cuando las cosas se ponen feas. Pero cuando se desmadra, te impide ver las perspectivas de los demás, te lleva a actuar de forma egocéntrica y, sobre todo, te impide hacer lo más importante que tiene que hacer cualquier persona que quiera crecer: desaprender. En este artículo junto dos ideas que para mí van de la mano, porque es imposible desaprender nada si tu ego necesita tener siempre la razón.
El ego: necesario en su justa dosis
Para dirigir hace falta ego. Hace falta creer que puedes, que tu criterio vale y que tus decisiones pueden mejorar las cosas. Un directivo sin ninguna confianza en sí mismo no decide, y una empresa sin decisiones se para.
El problema llega cuando esa confianza deja de ser una herramienta y se convierte en una identidad que hay que proteger a toda costa. Ahí el ego deja de trabajar para ti y empiezas tú a trabajar para él.
Seis señales de que el ego te está costando caro
Estas son las razones por las que un ego desmedido es perjudicial, y que yo he visto en empresas de todos los tamaños:
- Falta de empatía. Un ego inflado hace que te centres en tus propias necesidades y deseos, ignorando los sentimientos y perspectivas de los demás. En un equipo, eso se nota enseguida.
- Conflictos innecesarios. Cuando defiendes tu punto de vista solo porque es el tuyo, sin considerar otras opiniones, las reuniones se convierten en batallas que no aportan nada al negocio.
- Incapacidad para aprender. Quien tiene un ego demasiado grande es reacio a admitir errores, y lo que no se admite no se corrige. Esto limita el crecimiento personal y el profesional.
- Aislamiento. El ego incontrolado te aleja de la gente que te rodea, porque pareces arrogante o insensible. Y un líder aislado es un líder al que nadie le cuenta la verdad.
- Decisiones equivocadas. Un ego inflado lleva a decisiones impulsivas y poco razonadas, porque partes de la base de que siempre tienes razón.
- Ausencia de escucha. El ego es un gran enemigo personal que siempre quiere ganar. Escuchar supone asumir que podemos equivocarnos, y eso al ego no le gusta, así que intentará no escuchar para seguir teniendo la razón, o al menos su razón.
Esta última es, para mí, la más grave. Porque de ella dependen todas las demás.
Dónde se ve el ego en una empresa
El ego no se presenta con ese nombre. Se disfraza de decisiones aparentemente razonables. Algunas que veo con frecuencia:
- Contratar para sentirse “más empresa”. Cuando dirigía una compañía de más de 1.000 personas, la regla era siempre la misma: se contrata cuando la tarea desborda, no cuando el ego pide compañía. Lo cuento en las 5 claves y los 5 errores al emprender.
- No cambiar una idea que no funciona. Mi empresa principal nació con una idea que para mí era brutal. Si a los tres meses no reacciono y la cambio, habría cerrado antes de los seis. El ego me pedía defenderla; los datos me pedían cambiarla.
- Rodearse de palmeros. Es muy cómodo tener cerca a gente que te dice a todo que sí. Al ego le encanta. Al negocio, no. De eso va Aléjate del palmero, acércate al crítico.
- Esconder los fracasos. En mis primeras entrevistas de trabajo en China, la gente me hablaba antes de lo que le había salido mal que de lo que le había salido bien. Me costó entenderlo, hasta que vi que lo que ponían en valor era lo aprendido. Hace falta un ego bien colocado para contar tus fracasos primero.
Desaprender, el primer paso para crecer
Aquí entra la segunda parte. Todos llevamos encima creencias que en algún momento nos sirvieron y que hoy nos limitan. Ideas sobre nosotros mismos, sobre nuestras capacidades, sobre el mercado o sobre cómo “se hacen las cosas”. Son las llamadas creencias limitantes: pensamientos restrictivos que pueden frenar el crecimiento, la confianza y los resultados.
Algunas suenan así:
- “Yo no sirvo para vender.”
- “En mi sector esto no funciona.”
- “Si no lo hago yo, sale mal.”
- “Siempre lo hemos hecho así y nos ha ido bien.”
Desaprender no es olvidar lo que sabes. Es dejar de aplicarlo de forma automática y preguntarte si sigue siendo verdad. Y aquí el ego vuelve a aparecer, porque cuestionar una creencia es aceptar que quizá llevabas tiempo equivocado.
Te lo digo por experiencia. Pasar de dirigir una multinacional, con estructura, procesos y equipos detrás, a emprender por mi cuenta me obligó a desaprender mucho. Cosas que en una gran empresa funcionaban de forma natural, en una empresa pequeña había que hacerlas de otra manera. Si me hubiera aferrado a “yo esto ya sé cómo se hace”, me habría estrellado.
Cómo cuestionar tus creencias limitantes
Mi formación en coaching y PNL me ha dado algunas herramientas muy prácticas para esto. Te dejo las que más uso, adaptadas a la realidad de quien dirige:
Identifícalas
Reconoce las creencias que te limitan. Suelen expresarse como frases negativas sobre tus capacidades (“no soy lo suficientemente bueno”) o sobre lo que es posible (“nunca podré hacer eso”). Escríbelas. Verlas en un papel ya les quita parte de su fuerza.
Cuestiona la evidencia
Pregúntate: ¿hay pruebas reales de que esto sea verdad, o es solo una suposición? ¿Qué evidencia tengo en contra? ¿Cómo sería si esta creencia no fuera cierta? En la empresa esto se traduce en algo muy concreto: mira los datos. Muchas creencias sobre clientes, precios o equipos no resisten un análisis serio.
Vigila tu diálogo interno
Presta atención a cómo te hablas. Si tu discurso interno es siempre “esto va a salir mal” o “no voy a ser capaz”, cámbialo por algo más realista, no por un “todo es posible” de taza de desayuno, sino por un “esto es difícil y voy a ver cómo hacerlo”.
Busca modelos
Encuentra a personas que hayan superado situaciones parecidas o que hayan logrado lo que tú consideras imposible. No para copiarlas, sino para demostrarte que se puede y ver cómo lo hicieron.
Reencuadra
Mira el mismo hecho desde otro ángulo. Un cliente perdido puede ser un fracaso o una información muy valiosa sobre qué estás haciendo mal. El hecho no cambia; lo que haces con él, sí.
Recuerda tus recursos
Piensa en momentos en los que te sentiste competente y seguro. Qué hiciste, qué tenías, cómo lo resolviste. Esas capacidades no han desaparecido.
Cambia de forma gradual
Las creencias de años no se cambian en una tarde. Introduce nuevas formas de pensar y de actuar y deja que vayan ganando fuerza con el tiempo y con resultados.
Busca apoyo externo
Un buen coach o un mentor te ayuda a ver lo que tú no ves. Yo, en mi caso, tengo desde hace años un coach personal precisamente para esto. Si no sabes qué figura te conviene, te lo explico en Coach o mentor: diferencias y cuándo elegir cada uno.
La clave está en el equilibrio
No se trata de matar el ego. Se trata de que esté a tu servicio y no al revés. Un ego sano te da la confianza para decidir y la humildad para corregir. Un ego desmedido te da la seguridad de tener razón justo cuando estás equivocado.
Y desaprender es, al final, un ejercicio de ego bien gestionado: aceptar que lo que sabías ya no basta y que tienes que volver a aprender. Cuanto más alto estás en una organización, más difícil es, porque menos gente se atreve a decírtelo. Por eso, si diriges, rodéate de quien te lo diga. Y si estás en un momento en el que necesitas a alguien que haya pasado por ahí y te ayude a verlo, en la mentoría es justo lo que trabajamos.
Preguntas frecuentes
¿Es malo tener ego en un puesto de dirección?
En su justa dosis, no: el ego sostiene la autoestima y la confianza que necesitas para decidir. El problema es el ego desmedido, que te impide escuchar, admitir errores y ver las perspectivas de los demás. La clave está en el equilibrio.
¿Qué significa desaprender?
Significa revisar y soltar creencias y formas de hacer que te funcionaron en otro momento pero que hoy te limitan. No es olvidar lo que sabes, es dejar de aplicarlo de forma automática.
¿Qué son las creencias limitantes?
Son ideas que das por ciertas sobre ti, tus capacidades o tu entorno y que restringen lo que te atreves a hacer, como 'no soy bueno vendiendo' o 'esto en mi sector no funciona'. Muchas no resisten la pregunta de qué pruebas reales tienes.
¿Cómo sé si mi ego está afectando a mis decisiones?
Fíjate en si te cuesta escuchar opiniones contrarias, si nunca recuerdas la última vez que reconociste un error o si tomas decisiones para quedar bien más que porque las necesita el negocio. Si te reconoces en alguna, toca revisarlo.